enlosado

  1. Arq. Antigua es la costumbre de cubrir los pisos de las habitaciones bajas, tanto en edificios públicos como en casas particulares, con piedras planas, duras y pulimentadas. Los romanos emplearon losas de mármol, jaspe y pórfido, y se citan como enlosados notables, de que aún se conservan restos, el del Panteón de Roma y el de la basílica del Foro de Trajano.

Se ha hallado en las antiguas termas de Italia un sistema particular de enlosado, compuesto del modo siguiente: pequeños macizos cuadrados de ladrillo estaban asentados en el suelo, bastante próximos, para servir de apoyo a grandes losas de barro cocido que constituían un primer enlosado; encima iba una capa de mortero de dos a tres centímetros de grueso; luego un enlucido de mortero fino, y por último las losas de mármol o el mosaico que debía constituir el solado definitivo. Este medio de enlosar también se empleó en los templos, sin duda para evitar la humedad. En los baños se utilizaba tal posición para hacer circular por debajo del enlosado corrientes de aire caliente. V. hipocausto.

Se halla igualmente el embaldosado o enlosado de mármol en las primitivas basílicas cristianas y en monumentos varios de los siglos III y IV. Decíase opus tessellatum el sistema de grandes compartimentos que se ha usado desde los tiempos más remotos, como consta por los pisos de los templos de Pesto y de Selinunte.

Como no tenían los arquitectos de la Edad Media tan a disposición las materias preciosas como los antiguos, ni los medios de labrar y pulimentar las grandes losas de piedras duras, emplearon para la decoración de sus pavimentos, en los edificios públicos, incrustaciones hechas en losas de piedra caliza, rellenas de plomo o betunes de colores negro, verde, rojo y pardo. Poco debieron durar estos enlosados, tanto por la frecuencia del tránsito, como por la costumbre de enterrar bajo de ellos en las iglesias.

No dejó de emplearse mucho el enlosado en los edificios particulares, y en ocasiones se decoraban con incrustaciones de piedras y betunes o alternando losas y estucos pintados.

Hacia el siglo XII se aplicó a las cubiertas un sistema de enlosado, hecho con grandes losas asentadas con baño de mortero; pero, por esmerado que fuese el asiento, absorbían el agua y mantenían humedad permanente sobre las bóvedas, por lo que los constructores del siglo siguiente empezaron a poner estas losas sobre arcos volados encima de las bóvedas, para que el aire pudiese circular por debajo de estas, y también labraron las losas en canal para que escurrieran mejor las aguas.

En nuestros días los enlosados solo se colocan en los suelos de las habitaciones bajas, patios, aceras, coronación de muros, albardillas, tapas de alcantarillas, etc. Las losas que se emplean tienen de 7 cm a 16 cm de grueso, y se asientan sobre capas de hormigón, de arena o sobre el suelo natural con baño de mortero. Si se toman las juntas con cemento se consigue un piso completamente impermeable. Para que un enlosado, sobre todo si ha de estar al aire libre, sea firme y duradero, debe estar hecho con losas de piedra que no sea blanda ni heladiza, ni que se hallen asentadas a contrahoja.

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