¿De qué trata este proyecto?
Este espacio es un archivo vivo (en constante evolución) dedicado a la preservación selectiva del monumental Diccionario enciclopédico hispano-americano de literatura, ciencias y artes (editado originalmente entre 1887 y 1910). En pocas palabras, Pablo Alejos Flores, el creador y líder supremo de Aflore, transcribirá minuciosamente algunos lemas de todos los volúmenes del dichoso diccionario, que estará disponible de manera libre en este sitio web para el beneficio de los amantes del español histórico.
Como traductor de obras literarias, comprender cómo se empleaban las palabras en el siglo XIX es una necesidad técnica. Esta es una de las razones por las que decidí emprender esta ardua labor. Puesto que las copias impresas de este diccionario de 28 volúmenes solo se encuentran en la red en formatos PDF escaneados o mediante lecturas de código OCR plagadas de errores tipográficos e ilegibles, este archivo busca verter los lemas de forma limpia, estructurada y en texto HTML para el beneficio de mis futuros súbditos.
Pablo Alejos Flores
Nota
Este volcado no se está realizando en estricto orden alfabético ni de forma exhaustiva. Los lemas se van incorporando de forma periódica según las necesidades inmediatas de traducción, rescatando términos literarios, conceptos filosóficos y voces en desuso de valor cultural. Escríbenos si quieres apoyarnos con este proyecto.
A continuación, la transcripción de las páginas principales de esta magnífica obra:
Diccionario enciclopédico hispano-americano de literatura, ciencias y artes
Edición profusamente ilustrada con miles de pequeños grabados intercalados en el texto y tirados aparte, que reproducen las diferentes especies de los reinos animal, vegetal y mineral; los instrumentos y aparatos recientemente aplicados a las ciencias, agricultura, artes e industrias; planos de ciudades; mapas geográficos; monedas y medallas de todos los tiempos, etc., etc., etc.
Barcelona
Montaner y Simón, Editores
Calle de Aragón, números 309 y 311
1887–1910
Lista de los autores encargados de la redacción de este diccionario
- Arcimis, Augusto (Astronomía, Meteorología, Cronología).
- Asenjo Barbieri, Francisco (Instrumentos de música populares en España).
- Azcárate, Gumersindo (Sociología, Política).
- Bartolomé Cossío, Manuel (Artes industriales españolas).
- Beltrán y Rózpide, Ricardo (Geografía, Historia, Arte Militar).
- Castellanos, Basilio Sebastián (Fiestas, costumbres y usos españoles).
- Castrobeza, Carlos (Numismática).
- Clairac y Sáenz, Pelayo (Ingeniería, Geodesia).
- Cuenca, Carlos Luis de (Derecho penal, Enjuiciamiento criminal, Justicia militar).
- Danvila Jaldero, Augusto (Monumentos arquitectónicos españoles).
- Echegaray, Eduardo (Ciencias exactas, Mecánica, Arquitectura y Maquinaria navales).
- Echegaray, José (Magnetismo, Electricidad).
- Espejo y del Rosal, Rafael (Veterinaria).
- Fernández y González, Francisco (Cultura oriental, con inclusión de la antigua egipcia y de la de hebreos y árabes, africanos y españoles).
- Fita, Fidel (Éuscaro).
- García, Pedro de Alcántara (Pedagogía).
- Giner de los Ríos, Francisco (Estética).
- González Serrano, Urbano (Filosofía).
- La Fuente, Vicente de (Teología, Derecho canónico, Disciplina eclesiástica, Liturgia, Historia de la Iglesia).
- Letamendi, José de (Principios de Medicina).
- Madrazo, Pedro de (Pintura, Escultura, Grabado).
- Mélida, José Ramón (Mitologías, Arqueología oriental y clásica, Indumentaria, Panoplia, Heráldica, Artes industriales extranjeras de las edades media y moderna).
- Menéndez y Pelayo, Marcelino (Obras maestras de la literatura española).
- Mínguez, Bernardino Martín (Epigrafía griega y latina).
- Muñoz y Rivero, Jesús (Paleografía, Archivos, Bibliotecas).
- Ojea, Telesforo (Derecho civil, mercantil, administrativo e internacional, Enjuiciamiento civil).
- Pagés de Puig, Aniceto de (Autoridades de la lengua española desde su formación hasta nuestros días).
- Pedregal, Manuel (Principios de la ciencia económica).
- Pi y Margall, Francisco (Filosofía del derecho).
- Piernas y Hurtado, José Manuel (Economía política, Hacienda pública, Estadística).
- Pirala, Antonio (Historia de España desde la muerte de Fernando VII hasta nuestros días).
- Riaño, Juan Facundo (Cerámica y vidriería españolas).
- Ríos, Rodrigo Amador de los (Epigrafía arábiga, Arqueología hispano-mahometana).
- Rodríguez Chaves, Ángel (Biografía extranjera).
- Saavedra, Eduardo (Arquitectura).
- Sánchez de Castro, Francisco (Literatura preceptiva y española).
- Sánchez Pérez, Antonio (Biografía española, Biografía contemporánea de españoles y extranjeros).
- Sbarbi, José María (Lexicografía, Gramática, Música).
- Vera y López, Jaime (Ciencias médicas).
- Vera y López, Vicente (Ciencias físicas y naturales).
- Vignau, Vicente (Filología, Lingüística).
- Vilanova y Piera, Juan (Prehistoria).
Prospecto
A poco que se observe el carácter y las tendencias de nuestro tiempo, descúbrese fácilmente el incesante afán de aprender, de saber y de juzgar que agita los espíritus en las sociedades modernas. No son ya las verdades científicas deleite apetecido de unos pocos, sin encanto ni atractivos para la multitud indiferente; antes bien, parece nota característica de nuestra edad la difusión, en la generalidad de las gentes, de aquella apasionada afición a buscar los claros manantiales de la ciencia para aplacar en ellos una sed ardorosa de cultura. Verdad es esta que muy de cerca contemplamos los que, para hallar garantías de próspero resultado a nuestro asiduo trabajo y cuantiosos dispendios, nos consagramos forzosamente al estudio de las aficiones predilectas del público. Nosotros vemos cómo a sus desdenes rinden la efímera vida aquellas obras insustanciales que no tienen más aliciente que el de servir de mero pasatiempo, ni más ingenio que el de halagar vergonzosamente los torpes instintos de las malas pasiones, y advertimos también la diligencia con que son buscadas aquellas otras que contienen provechosa enseñanza y ponen de manifiesto el lado noble y hermoso de la vida. A esta marcada predilección del público por lo bello y por lo útil responde la producción intelectual cuya actividad prodigiosa no deja inexplorada región alguna del saber; y en las ciencias, como en las artes y en las industrias, revélanse principios nuevos, depúranse verdades añejas, disípanse errores, descúbrense relaciones, y nacen teorías, y se fundan sistemas; y toda la cultura de los pasados tiempos resucita, la moderna civilización se ensancha y perfecciona, y vislúmbranse destellos de futuros ideales en esos innumerables libros que lanzan sin reposo a la luz de la publicidad las infatigables prensas.
Mas esta misma abundancia de publicaciones, para todos asombrosa, es también abrumadora para muchos: que el ánimo desmaya y se acobarda ante la imposibilidad de encontrar tiempo para leerlas, dado caso que se tengan medios suficientes para adquirirlas.
Entonces, al sentir a la vez el noble anhelo de satisfacer la necesidad de cultura y el desaliento que nace de la dificultad de conseguirlo, se aprecia, en cuanto vale, la gran utilidad de las enciclopedias, llamadas a vencer los obstáculos que como insuperables se presentaban, y a trocar en fácil y hacedero lo que imposible parecía, poniendo a nuestro alcance en compendiada síntesis todos los conocimientos dispersos en infinitas obras; porque las enciclopedias son, como ha dicho un escritor ilustre, «uno de los innumerables medios que emplea para lograr su obra esa potencia de perfección y de progreso que es patrimonio del linaje humano; ella ha hecho que se inventen, como lo hizo con la escritura, la imprenta, los periódicos, la navegación, los canales, y todos los medios de comunicación material e intelectual entre los hombres: que así es como persigue incesantemente su objeto, el cual consiste en desarrollar cada vez más la naturaleza humana y en llamar diariamente a mayor número de individuos a la actividad de la inteligencia y al goce de los bienes del estado social».
La enciclopedia recoge todas las verdades que constituyen la ciencia entera de la época y las reúne y sintetiza por tan hábil modo que en las páginas de una sola obra toda curiosidad halla su respuesta, datos precisos toda investigación, dirección el trabajo, solución toda dificultad, la vacilación energías, y las dudas certidumbre.
Compara Mr. Guizot estas universales publicaciones con los grandes y atrevidos monumentos, cuya sola vista hace estimar con admiración a los pueblos que han osado llevarlos a cabo, y afirma con atinado juicio que las enciclopedias, «por la grandeza del espectáculo científico que exponen a los ojos del público, despiertan, propagan y fortalecen aquel respeto y aquella afición a la ciencia que son los primeros medios quizás y seguramente las condiciones indispensables de la civilización y de sus progresos».
Del propio modo que en las exposiciones universales se agrupan en rica ostentación innumerables maravillas, así en las enciclopedias se ofrecen los conocimientos a quien se detiene un momento, y solicitan su atención; que por lo cabal de su conjunto y por la misma ordenación con que las distintas materias se disponen, tal vez la mirada del que acudió a buscar solamente un dato histórico, halla cercana y lee con interés la explicación de un arte útil. Allí tropieza el indocto con hechos e ideas de que jamás tuvo noticia, encuentra el principiante anchas perspectivas y rectos caminos, amplía el estudioso sus conocimientos y halla el sabio con fácil presteza la solución de cuestiones ajenas a su especial estudio, que tan a menudo necesita hoy que lo general de la cultura ha destruido las murallas que separaban entre sí las distintas ciencias y las varias profesiones condenadas durante tanto tiempo a ignorarse recíprocamente.
Testimonio por demás elocuente de la importancia y utilidad práctica de las enciclopedias nos ofrece el considerable número de ellas que en los países cultos se publican y la asombrosa aceptación que de todas las clases sociales obtienen; y es hora, en verdad, de que en nuestra patria aparezca una obra de este género, capaz de satisfacer las legítimas exigencias de la moderna ilustración y a la altura de las enciclopedias que Francia, Alemania, Inglaterra, los Estados Unidos, Italia y Rusia poseen. A llenar este vacío, a acometer tan ardua empresa nos han excitado uno y otro día personas peritísimas en la materia y nos han encarecido la urgente necesidad de dotar a España de una verdadera enciclopedia, pues ni abundan en nuestro país los diccionarios especiales, ni son útiles los de otras naciones aun para aquellas personas que conocen las lenguas en que están escritos, porque en ellos se halla desdeñado o preterido cuanto en particular a las cosas españolas se refiere.
Tan valiosas indicaciones y atinados consejos han presidido a nuestra ímproba tarea, y hoy creemos haber logrado el acierto que para nuestra obra anhelábamos merced a su eficaz concurso.
El Diccionario enciclopédico hispano-americano que al público ofrecemos viene a suplir, pues, la falta de diccionarios especiales de que carecemos en muchísimos ramos del saber humano, y a completar los escasos aunque apreciables trabajos de este género, hoy harto anticuados dado el largo camino que la ciencia ha recorrido desde la fecha en que aquellos fueron publicados.
El propósito de que nuestra obra tenga una utilidad verdaderamente práctica exige de suyo que su manejo sea fácil, y para lograrlo no hay duda de que la forma más adecuada es la de diccionario, ya que el orden alfabético es el que menos ha de extrañar a las personas poco versadas en la difícil materia de la filiación y la clasificación de las ciencias, expuestas siempre una y otra a pecar de arbitrarias. En esto seguiremos la forma que la experiencia sin duda de su práctica utilidad ha establecido como método en todas las obras de este género, en todos los países: procuraremos, sin embargo, integrar todas aquellas partes que en su colocación van separadas y que entre sí componen un sistema de conocimientos, tanto al tratar el concepto general en que se contienen, como por todas las necesarias referencias que guían al lector y le facilitan el hallazgo de todo aquello que debe coincidir o relacionarse.
Por este orden, con amplio criterio que no excluye a priori ninguna idea y prescinde completamente de toda intransigencia de partido o escuela, se exponen los conocimientos humanos a la altura que alcanzan en nuestros días sin olvidar nunca que si el carácter enciclopédico de nuestra publicación exige la total inclusión de cuanto abarca la índole universal de las ciencias, obliga también su condición de hispano-americana a consagrar preferente estudio y más extensa y minuciosa exposición a todo aquello que se refiere a estos pueblos hermanos, no separados tanto por las geográficas distancias como unidos por su hermosa y rica lengua.
La publicación de un Diccionario enciclopédico exigía de nosotros un colosal esfuerzo, y desde luego consagramos tal atención a esta obra que no omitimos trabajo ni gasto alguno que a su perfección pudiera cooperar. De ellos dan gallarda muestra los nombres de las personas a quienes ha sido encomendada su redacción: que no quisimos por mal aconsejada economía encargarla a oscuras medianías encubiertas con el velo de una de tantas anónimas «sociedades de hombres científicos y literatos».
Con no menor cuidado hemos acudido al importante elemento de la ilustración del texto, convencidos de lo mucho que pueden avalorar estos trabajos las artes del diseño, poderosos auxiliares del elemento didáctico, ya que completan con la percepción material del objeto la definición más exacta y la descripción más minuciosa. Con este fin hemos allegado tantos, tan bellos y tan útiles grabados que, sin jactancia, podemos asegurar que nuestro Diccionario enciclopédico será el más completo de los publicados en Europa, en su parte de ilustración, bajo todos los conceptos. Millares de correctos dibujos y numerosos cuanto fidelísimos mapas completarán el concepto que el lector forme de las voces definidas, y además preciosos cromos enriquecerán la edición para dar idea gráfica de ciertos monumentos y objetos suntuarios.
Con igual esmero hemos atendido a la elección de caracteres o tipos de imprenta, fundidos exprofeso para esta obra, conciliando las dos circunstancias que en ellos han de concurrir: serán claros, a fin de que la vista no resulte perjudicada por la lectura; compactos, para que la edición resulte tan espléndida por sus condiciones materiales como económica por su precio.
El papel, fabricado expresamente para nuestro Diccionario, es tal que el tiempo no destruya prematuramente un libro de consulta de todos los días, de todos los instantes. Igual por su calidad y satinado con esmero, contribuirá a que la obra sea útil por su valor científico y apreciable por las condiciones materiales de su ejecución. En una palabra, por lo mismo que el empeño era arduo, hemos querido hacer del Diccionario enciclopédico hispano-americano el libro predilecto de nuestra casa.

