Capítulo 11: El asombro de Itaguaí

Y ahora prepárese el lector para quedar igual de asombrado que los pobladores de la villa, al enterarse un día que los locos de la Casa Verde iban a ser puestos en la calle.

—¿Todos?

—Todos.

—Es imposible; algunos, puede ser, pero todos…

—Todos. Así lo dijo él en el oficio que mandó hoy por la mañana a la municipalidad.

En efecto, el alienista había enviado un comunicado a la municipalidad, manifestando: 1º, que había verificado en las estadísticas de la villa y de la Casa Verde que cuatro quintos de la población estaban alojados en aquel establecimiento; 2º, que este traslado de la población lo había llevado a revisar los fundamentos de su teoría de las enfermedades cerebrales, teoría que excluía del dominio de la razón todos los casos en que el equilibrio de las facultades no fuera perfecto y absoluto; 3º, que de esa revisión y del hecho estadístico había concluido, con convicción, que la verdadera doctrina no era aquella, sino la opuesta, y por lo tanto, que se debía admitir como normal y ejemplar el desequilibrio de las facultades, y como hipótesis patológicas todos los casos en que aquel equilibrio fuera ininterrumpido; 4º, que, teniendo eso presente, declaraba a la municipalidad que iba a liberar a los reclusos de la Casa Verde y agasajar en ella a las personas que se encontraran en las condiciones ahora expuestas; 5º, que, intentando descubrir la verdad científica, no dejaría de hacer esfuerzos de toda clase, esperando de la municipalidad la misma dedicación; 6º, que devolvía a la municipalidad y a los particulares la suma del estipendio recibido para el alojamiento de los supuestos locos, descontada la parte efectivamente gastada en la alimentación, ropa, etc.; lo que la municipalidad mandaría verificar en los libros y arcas de la Casa Verde.

El asombro de Itaguaí fue grande; no fue menor la alegría de los parientes y amigos de los reclusos. Almuerzos, bailes, luces festivas en las calles, músicas, hubo de todo para celebrar tan fausto acontecimiento. No describo las fiestas por no guardar relación con nuestro propósito; pero fueron espléndidas, conmovedoras y prolongadas.

¡Y así son las cosas humanas! En medio del regocijo producido por el oficio de Simão Bacamarte, nadie le prestaba atención a la frase final del § 4º, una frase llena de experimentos futuros.


Apóyanos

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